viernes, 28 de febrero de 2014

Caché (Hidden)

Título original: Caché (Hidden)
Año: 2005
Dirección y guión: Michael Haneke.
Reparto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Daniel Duval, Aïsa Maïga.
Productora: Coproducción realizada entre Francia, Austria, Alemania e Italia.
Género: Intriga, drama psicológico.

Caché
De sangre y egoísmo.

Otra obra más de Haneke. Es lo primero que podría decirse. Otra que añadirse a la lista de películas similares del autor puesto que, a pesar de los diferentes argumentos que puedan presentarse en su filmografía, todo se reduce a lo mismo: el despiece de la mente humana.

De la mano de grandes actores como Auteuil y Binoche y en una coproducción internacional, dado al enorme potencial de este director surgido de la psicología y la filosofía, nace una obra perturbadora en su simplicidad visual y en su gran retorcimiento de la moralidad.

Detrás de la máscara

Podría decirse que el tema está ya muy trillado, pero lo cierto es que Haneke trata esas disecciones psicológicas que realiza a sus personajes de una forma que podría catalogarse como especialmente metódica y cruel. Es un autor más centrado en las reacciones de los personajes que en los hechos en sí.

Al igual que otras películas de su filmografía, como en Benny’s Video, utiliza el soporte fílmico para inquietar al espectador. Lo introduce de forma magistral en el relato, causando la primera gran sorpresa del filme(la segunda llegará con la entrada de su casi hermanastro y la tercera y mayor de todas, con el final prácticamente inexistente). A lo largo de toda la película van introduciendo nuevos fragmentos de las cintas que les son enviadas y salvo que aparezca el familiar rebobinar de las mismas, se es incapaz de discernir si pertenecen al texto o al metatexto.  

En Caché, Haneke vuelve a centrarse en una familia burguesa aparentemente normal(tan normal como lo son para el autor los nombres de los protagonistas, Georges y Anne, usados también en Amor, Código Desconocido y Funny Games) que sufre una transformación total a raíz de la incorporación de un perturbador elemento externo: unas grabaciones de su propia casa de las que deberían haber tenido constancia(por el posicionamiento de la cámara y su cercanía a la misma en algunas ocasiones), pero de las que no se dieron cuenta. El nerviosismo da paso al pánico progresivamente, cuando empiezan a llegar también los dibujos y la policía dice no poder hacer nada. La paranoia va creciendo dentro de la pareja, que acusa la falta de comunicación y empieza a hacerse reproches por cosas que anteriormente habrían pasado por alto.

Un genial Auteuil muestra la transformación que un padre de familia con un trabajo respetable y una imagen determinada conocida a gran escala(debido a su constante presencia en televisión) sufre ante secretos del pasado que empiezan a salir a la luz: su derrumbe psicológico, que nos muestra lo que hay tras la máscara. Inmediatamente se vuelve colérico, orgulloso e incluso violento, aunque no llegue al ámbito físico. A pesar del miedo no admite su culpa, no acepta que todo ocurrió por su egoísmo en la niñez, lo que, por otro lado, ¿es realmente reprochable? También parece indiferente ante el hecho de haber catapultado el suicidio de un hombre, que cayó en desgracia por su culpa no una vez, sino dos. No le importa el daño que pueda causar a los demás, solo su propia seguridad y la de los suyos.

Por su parte, Binoche se muestra perfectamente preocupada por su familia, nerviosa por saber que alguien los sigue y enfadada, como es del todo normal, ante el silencio de su marido.

Es curiosa la reacción del hijo de ambos, que parece tener una información importante con respecto a su madre, pero que nadie sabe de dónde ha sacado.

La película se desarrolla en una aparente calma que, en contraste con la tormenta interior que sufren los personajes, crea una atmósfera de tensión y de frustración. La acción es de todo menos frenética, lo que puede llegar a aburrir a los espectadores menos acostumbrados a este tipo de películas. El crescendo es tan sutil que apenas te percatas de ello, pero también parece quedarse flácido repentinamente, cuando los títulos de crédito aparecen en pantalla y piensas: ¿y qué más?

Parte de la construcción del sentimiento de frustración, agobio e incertidumbre es llevado a cabo por los largos planos fijos y las escenas que aparentemente sobran. Aunque la calidad de ambos filmes es opuesta, personalmente he tenido momentos en los que he buscado frenéticamente que algo repentino ocurriera durante esos planos, igual que cuando vi Paranormal Activity buscaba con el corazón en la boca la siguiente cacerola que se caería o qué aparecería desde el pasillo oscuro.

La monotonía y similitud de la mayor parte de las escenas hacen que aquellas en las que se introducen actos violentos resalten especialmente: la matanza del gallo(que murió realmente), el suicidio del que podría haber sido el hermanastro de Georges… Sorprenden como una bofetada. La crudeza de las mismas es otro rasgo característico de este autor de contrastes.

¿Es realmente razonable la venganza llevada a cabo contra la familia del protagonista por los celos de un niño? Del escueto final podemos deducir que es el hijo del suicida el que ha estado enviando las cintas. ¿Cómo llegamos a esto? Por la frialdad con la que trata a Georges tras la muerte de su padre y porque, en la escena final, parece que podemos ver a un chico de sus características hablando con un niño que parece ser Pierrot.

El filme nos deja con la sensación de que todos los hombres muestran su verdadera cara ante el dolor y el miedo, pero también ante el amor: el amor a nuestros padres, a nuestra familia. ¿Qué es lo que no seríamos capaces de hacer por mantener con nosotros a nuestros seres queridos?
  



sábado, 15 de febrero de 2014

La Hipótesis del Cuadro Robado

Una larga sucesión de estatuas vivientes engarzadas por una conversación filosófica y a veces ininteligible. Creo que así podría resumir mi experiencia con esta película.

Dejando a un lado el difícil visionado(en francés con subtítulos en inglés), lo cierto es que el filme me ha dejado con la sensación de no haberme enterado de la mitad de lo que decía. No sé dónde está el cuadro robado, ni de qué trataba, ni de dónde encajaba en el orden con el resto(ni siquiera sé si realmente había o no un cuadro robado). No me he enterado de si la historia familiar narrada era verdadera o falsa, de cuál era la relación exacta que mantenían con la Orden del Temple ni de cuál era la gran Ceremonia a la que el anciano aludía todo el rato. 

Podrían denominarse como bellos algunos de los cuadros vivientes representados por los actores en la película, pero lo cierto es que, para mi gusto, pierden fuerza al permanecer tanto tiempo la imagen centrada en los mismos: da la sensación de que el tiempo se detiene, de que no corre, lo que causa una atmósfera de tensión... que acaba transformándose en impaciencia. Y todo ello, repitiéndose una y otra vez, convierte la película en, como mínimo, difícil de ver. 

No sé si mi falta de raíces filosóficas se deben a que he captado los diálogos a saltos, si es por cansancio o porque simplemente no he entendido nada. Pero bueno, es como todas, una opinión personal, así que deberán verla por sí mismos para determinar si es de su gusto o no.