Dejando a un lado el difícil visionado(en francés con subtítulos en inglés), lo cierto es que el filme me ha dejado con la sensación de no haberme enterado de la mitad de lo que decía. No sé dónde está el cuadro robado, ni de qué trataba, ni de dónde encajaba en el orden con el resto(ni siquiera sé si realmente había o no un cuadro robado). No me he enterado de si la historia familiar narrada era verdadera o falsa, de cuál era la relación exacta que mantenían con la Orden del Temple ni de cuál era la gran Ceremonia a la que el anciano aludía todo el rato.
Podrían denominarse como bellos algunos de los cuadros vivientes representados por los actores en la película, pero lo cierto es que, para mi gusto, pierden fuerza al permanecer tanto tiempo la imagen centrada en los mismos: da la sensación de que el tiempo se detiene, de que no corre, lo que causa una atmósfera de tensión... que acaba transformándose en impaciencia. Y todo ello, repitiéndose una y otra vez, convierte la película en, como mínimo, difícil de ver.
No sé si mi falta de raíces filosóficas se deben a que he captado los diálogos a saltos, si es por cansancio o porque simplemente no he entendido nada. Pero bueno, es como todas, una opinión personal, así que deberán verla por sí mismos para determinar si es de su gusto o no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario