lunes, 1 de septiembre de 2014

El Buscavidas (The Hustler)

Año: 1961

Director: Robert Rossen.

Guión: Robert Rossen y Sidney Carroll; basado en la novela de Walter Tevis.

Música: Kenyon Hopkins.

Fotografía: Eugene Schüfftan.

Género: Drama.

Reparto: Paul Newman, Jackie Gleason, George C. Scott, Piper Laurie, Myron McCormick, Murray Hamilton, Vincent Gardenia, Michael Constantine.


El Buscavidas: Nacido para perder

El Buscavidas es una de las mejores películas rodadas por Robert Rossen, director, guionista y productor norteamericano de ascendencia rusa. Basada en la obra homónima de Walter Tevis, es la historia de un jugador de billar americano que pasa de ser un perdedor sin cerebro a un perdedor con temperamento, pero con el corazón roto.

Rossen, que estuvo afiliado en su juventud al Partido Comunista(lo cual le acarreó estar un tiempo alejado de la industria a pesar de haber dejado el partido), siempre se preocupó por el carácter social y de denuncia de sus obras, tanto las teatrales como cinematográficas y porque sus personajes fueran profundos y realistas. Gustaba, además, de las adaptaciones a la gran pantalla, puesto que muchos de sus títulos tienen raíces literarias: El Político, Toros Bravos y la gran Lilith entre otros.

Director de complejos dramas y creador de personajes atormentados y dispuestos a hacer todo lo posible por conseguir sus objetivos, Rossen trabajó la mayor parte de su vida fuera de Estados Unidos, aunque fueron precisamente las rodadas en suelo americano las obras que mejor resultado cinematográfico le dieron.

El Buscavidas cosechó un gran éxito de crítica y público y es uno de los grandes títulos de cine clásico. Ganó dos Oscars de nueve nominaciones y un Bafta a la Mejor Película entre otros premios. Su protagonista, el mítico Paul Newman, consiguió además varias nominaciones por su fantástico trabajo como Eddie Felson.  

No todo en la vida es talento

El Buscavidas narra la caída de un pequeño hombrecillo que se creía gigante: Eddie “Relámpago” Felson, un jugador de billar que se gana la vida apostando (timando) en las mesas junto a su socio Charlie, va en busca del mayor reto de su carrera: El Gordo de Minnesota, el rey del billar y de la contención emocional. Su billete hacia la estación del Ganador.

 Azuzado por las partidas ganadas, por la codicia y el  J.T.S. Brown, Eddie acaba más hundido que nunca tras 25h de juego ininterrumpido.  Arruinado y avergonzado, huye de su compañero, al que desprecia constantemente y acaba conociendo a la joven y perdida Sarah, tan pequeña como él y a la vez treinta veces más grande. Su atípica historia de amor, que para Sarah es como una clínica de rehabilitación con un final desgraciado, para Eddie no es más que otra cosa a ignorar, otra cosa a perder… para no “perder” la costumbre. 


   
Paul Newman supo captar la arrogancia, el miedo y la culpabilidad de un Eddie sediento de éxito y de whiskey. Precisamente, si hubiera algo que destacar de Eddie, es su falta de valor: ansía ganar de forma absoluta y a la vez parece darle miedo el ser una estrella, por lo que se autoboicotea constantemente; ama a Sarah(la fantástica Piper Laurie, en uno de los personajes femeninos más complejos y mejor construidos de la Historia del Cine), pero a su vez la teme, teme sentirse encadenado y no se da cuenta de que lo está desde el principio.

Otra de las características principales de Eddie es su temperamento explosivo. Es algo que Gordon le echa en cara, le dice que eso es lo que lo hace un perdedor. Lo único que el Gordo necesitó para vencer a Eddie fue paciencia. Constantemente vemos como pierde los nervios, cómo trata mal a Sarah sin razón y cómo la bebida, desde el minuto uno, lo anula por completo. Pero ni siquiera el mínimo de templanza que parece alcanzar tras recuperarse de la paliza en la que le parten las manos es suficiente para salvar su alma.

Ha de suicidarse Sarah para que Eddie se dé realmente cuenta de lo cobarde que ha sido. Ese último punto de inflexión parece abrirle los ojos y lo obliga a tomar las riendas de su vida. Bert Gordon, su inversor sin alma, es el que realmente lo ha empujado a esa situación extrema y el que, a través de sus constantes dardos hacia Eddie y Sarah, ha precipitado su renacimiento cual ave fénix.

El cine como espejo de la realidad

Esa culpabilidad profunda y desgarradora que sufre Eddie, que lleva a Sarah a la bebida y que Gordon intenta evitar a toda costa, es un fiel reflejo de la de Rossen, obligado a vender su alma al diablo para no perder lo que más amaba y lo que le daba de comer: el cine. Rossen tuvo que delatar a algunos de sus compañeros al Comité de Actividades Antiamericanas, que lo persiguió durante años, pero su voz no acabó con la huída, sino que inició otra que se reflejó de forma obsesiva en sus personajes: la mayoría tan “faltos de escrúpulos” como se veía él.

El Buscavidas es un escaparate de las miserias humanas bien orquestado, armónico y montado con exquisitez, haciendo gala de unos conocimientos técnicos excepcionales a través de las elipsis bien usadas y de una consecución de planos bien organizados.  



Tanto Rossen como Tevis vivieron una parte de su vida unida a este peculiar universo de bolas de colores llamativos  y dedos azules; se enamoraron de él y por ello quisieron mostrar al mundo sus bondades y su oscuridad más profunda.

El mundo del billar, tal y como lo vemos representado en la película, pocas veces ha sido llevado a la gran pantalla. Destaca la continuación de El Buscavidas, dirigida por Martin Scorsese: El Color del Dinero(1986), que cuenta de nuevo con la participación de Paul Newman, al que se le une Tom Cruise. Sin embargo, Hollywood sí cuenta con un nutrido grupo de películas basadas en el juego y las apuestas: El Golpe(1973), The Big Blind(1999), Casino(1995) y muchas otras.

El antihéroe

El Buscavidas es y seguirá siendo una película de culto por muchísimos factores, pero sobre todo por el atractivo de sus personajes, esos antihéroes que están tan de moda. El mundo ya no quiere la perfección que nunca podrá alcanzar; la gente quiere ver que hay quien vive peor, siente más destructivamente y sufre más. La sociedad de hoy está tan desilusionada como aquella de la posguerra y tiene tanto de que avergonzarse o incluso más.


 Hay que recordar a esas mentes quietas y a las inquietas que no están tan lejos de ese Eddie Felton y que, tan rápidamente como él, pueden caer en la desgracia más absoluta si no tienen, al menos, un mínimo de principios. 

martes, 22 de abril de 2014

Un Corazón en Invierno

Ficha Técnica: 

Título original: Un Coeur en Hiver
Año: 1992
Director: Claude Sautet 
Guión: Claude Sautet, Jacques Fieschi y Jérôme Tomerre
Música: Maurice Ravel
Director musical: Philippe Sarde
Fotografía: Yves Angelo
Reparto: Emmanuelle Béart, Daniel Auteuil, André Dussollier, Brigitte Catillon, Maurice Garrel, Myriam Boyer, Elizabeth Bourgine, Stanislas Carré de Malberg, Jean-Luc Bideau. 



“La música es el corazón de la vida”, Franz Liszt.

“Un corazón en invierno” es  una reflexión sobre las diversas formas de vivir el amor bajo un mismo manto: el de la música, lenguaje universal que hace sentir hasta al más distante de los corazones.

Stéphane es un entregado empleado y “amigo” de Maxime, que posee un negocio familiar de venta y reparación de instrumentos de cuerda, sobre todo violines.  Maxime le confiesa que se ha enamorado de una joven y hermosa música llamada Camille, con la que empieza una relación. Al principio la indiferencia predomina en sus encuentros, pero poco a poco ella comenzará a sentirse atraída por el silencioso Stéphane, creando una fantasía a su alrededor que acabará estallando como una pompa de jabón.

Sautet se nos presenta como un autor dedicado, cuidadoso y sobre todo muy sensible. La película tiene ese toque elegante que caracteriza a los franceses y que resulta tan envidiable como digno de elogio. Siguiendo la estela de la mayor parte de su filmografía, continúa teniendo el amor en su punto de mira, mostrándolo en sus múltiples facetas y preguntándose si realmente somos capaces de escoger o no el sentirlo.

Con esta obra tan magistralmente orquestada, Sautet ganó el León de Plata en el Festival de Venecia entre otros premios y muchos la consideran su obra maestra. Lo cierto es que las piezas encajan tan bien como la de los violines de Stéphane: tanto el gran Daniel Auteuil como la preciosa Emmanuelle Béart están fantásticos en la piel de sus respectivos personajes; él, como un violinista frustrado( o tal vez cobarde) convertido en remendador, frío, distante, cínico y que se quiere demasiado a sí mismo(o tal vez demasiado poco) y ella, joven, hermosa, con mucho talento y llena de emociones contenidas, que la arrastran hacia el fondo como si tuviera una gigantesca piedra atada a la cintura cuando las libera.

Forman una pareja peculiar entre la que corre la química como un río de lava porque, aunque Stéphane se lo niegue a sí mismo todo el rato, Camille tiene razón: él la quiere, quiere estar con ella, pero le puede su zona de confort, le pueden las costumbres. Ha estado tanto tiempo negándose a vivir que ahora es realmente incapaz de hacerlo, incapaz de tomar lo que la naturaleza le ofrece. Está insensibilizado, helado, de ahí el nombre de la película: su corazón está sumido en un invierno profundo, está cubierto de nieve y totalmente muerto.


La forma de vivir el amor de todos los personajes en el filme es concreta, variada, un fiel retrato del sentir humano. El abanico de posibilidades va desde el amor materno-filial que parecen compartir Camille y su agente hasta la fantasía amorosa, el amor no correspondido y el amor altruista, que es capaz de liberar a la otra persona a pesar de su propio dolor.

Y destacando por encima de todo está la música, esa banda sonora magistral compuesta por Ravel y tan bien escogida por el director musical Philippe Sarde. Esta es una de las pocas películas que realmente transmite, para mi gusto, con una claridad meridiana las emociones y los estados de ánimo de los personajes. Guía con sutileza y a la vez fuertemente el filme, llevándonos a la melancolía, a la rabia, a la desesperación desde las cuerdas del violín de Camille. Es la forma más clara que tiene de expresarse, es su mejor voz y a la vez la que más le cuesta sacar cuando está nerviosa. Necesita calma absoluta para liberar sus sentimientos.

Los silencios, tan bien insertados, son a veces más elocuentes que los propios diálogos, terminando de encajar en el conjunto con precisión milimétrica.

La música es el rasgo más característico de la película y lo que la hace, según mi criterio y junto con la soberbia interpretación de los actores, una obra maestra. Historias de amor hay cientos, miles, de todas las formas y colores, pero una tan abierta y desgarradora solo se puede ver redondeada por algo tan fantástico e incomprensible como la música. 

viernes, 4 de abril de 2014

La Felicidad de los Katakuri o como hacer zumo mental

Título original: Katakuri-ke no Kôfuku
Año: 2001
Director: Takashi Miike
Guión: Kikumi Yamagishi
Música: Kôji Endô, Kôji Makaino
Fotografía: Hideo Yamamoto
Reparto: Kenji Sawada, Keiko Matsuzaka, Shinju Takeda, Naomi Nishida, Kiyoshiro Imawano, Tetsuro Tamba, Kenichi Endo, Tokitoshi Shiota, Yoshiyuki Morishita.

Un batido especial de digerir

Fascinación y repugnancia a partes iguales es lo que me produce este filme de Takashi Miike, maestro de la casquería y del bizarrismo más extremo.

Caracterizado por su gran número de obras en un breve lapso de tiempo(más de 60 películas en 15 años) y por ser odiado y admirado a partes iguales, La Felicidad de los Katakuri entra también dentro de esa dicotomía para el espectador.

Las peripecias de esta familia que, por casualidades de la vida, acaba abriendo un hostal en medio de ninguna parte, nos llevará por un viaje repleto de muertes absurdas, tétricos episodios de animación en stop motion y momentos musicales en los que no faltarán los zombies y los volcanes en plena erupción.


El humor negro que desprende la película es fantástico para los amantes de dichas emociones, pero personalmente me hizo sufrir a ratos y morirme de asco con el diablillo inicial(entre otras cosas). Sin embargo, no se puede negar que es una película ingeniosa donde las haya, totalmente diferente a lo habido y por haber y una crítica curiosa a los elementos más adorados por los japoneses: el anime, los idols, el karaoke y los luchadores de sumo.

Se podría decir que esa primera secuencia de la sopa, el diablillo, los sucesivos asesinatos(o devoramientos, mejor dicho) y demás sucesos poco agradables son una metáfora de los problemas que irá sufriendo la familia más adelante y que, unidos unos con otros, cada vez se hacen más grandes. Espero que sea así, porque de otra forma no me encaja algo tan gratuito en la película… Salvo, claro está, que recordemos quién es su director, el gran amante del sí porque sí.

El ambiente general, colorido, alegre y lleno de sobreactuaciones crea un universo divertido y feliz a pesar de los problemas cada vez mayores de los protagonistas, que cantan sus demonios y alabanzas aleatoriamente con un mezcliche que, sorprendentemente, no queda tan mal y la película, aunque se hace un poco tonta, no es del todo difícil de ver.

Parece que, entre tanto color y destellos de ordenador, entre tantas canciones y momentos aparentemente absurdos, pretende enviar un mensaje: la importancia de la familia, que siempre estará para lo bueno y para lo malo, pase lo que pase y por ello hay que mantenerse unidos. Sencillamente precioso. Para que no se diga que se dejó todas las cosas bonitas en el cubo de la sangre falsa.

También cabría destacar los escasos momentos de reflexión de la niña, para mi gusto el personaje más adorable(sobre todo porque apenas habla) y aquel casi último momento de la película, antes de reinventar Sonrisas y Lágrimas, en el que se confiesa que el abuelo morirá poco después, casi arrancándonos una tímida lagrimita que se secará cual Sáhara con el posterior y final número musical.



En resumen: bravo por el que la vea y le guste. Recomendada para los amantes del cine más rocambolesco y para los grandes fans de Miike. Aquellos que prefieran el cine más tradicional(como una servidora), pueden ahorrársela salvo que quieran aumentar su currículum y ponerse un pin.  

miércoles, 2 de abril de 2014

FRESAS SALVAJES: Nunca es demasiado tarde


Equipo técnico

Dirección y guión: Ingmar Bergman
Producción: Allan Ekelund
Música: Erik Nordgren
Foto: Gunnar Fischer
Montaje: Oscar Rosander
Escenografía: Gittan Gustafsson



LAS FRESAS DEL PARAÍSO

Una película sobre recuerdos hecha para recordar.

Eso es lo primero que podríamos decir de esta magnífica obra de Bergman, cuyo título evoca para el pueblo escandinavo un lugar mejor, un lugar feliz que el personaje parece reconocer en sus años de vejez y al que aspira volver a llegar.

A caballo entre la realidad y los sueños, entre el presente y el recuerdo, Bergman nos lleva, de la mano del profesor Isak Borj, de viaje por una vida nula, una vida no vivida que clama por un poco de frescor.

Nuestro protagonista, un anciano que se prepara para recibir un homenaje por su trayectoria como doctor en la Universidad de Lund, tras soñar la noche antes del evento con su propio cadáver, decide viajar en coche hasta la ciudad vecina, acompañado por su nuera. Será un viaje que lo sumirá en los recuerdos tras parar en la casa donde pasó los veranos de su infancia y juventud: rememorará su primer amor(su prima Sara, la recolectora de fresas salvajes), recogerán a tres autoestopistas que lo ayudarán en su viaje personal y se reconvertirá, tras darse cuenta de los errores de su vida, en una persona mejor y más amable.



Escrita mientras el autor estaba hospitalizado y estrenada en 1957(el mismo año que el autor llevó a la gran pantalla El Séptimo Sello), estuvo nominada a un Oscar al mejor guión original y fue ganadora de un Oso de Oro en el Festival de Berlín. Es considerada una de las mejores obras del autor y recoge muchos de los temas que Bergman desarrolló a lo largo de toda su filmografía, desde 1947 hasta 2003.

Autor de costumbres, vemos el nombre de la mayoría del reparto de esta película en muchas otras de sus obras: Bibi Andersson(El Rostro), Ingrid Thulin(El silencio), Gunnar Björnstrand(Los Comulgantes), Victor Sjöström(Hacia la Felicidad) y Björn Bjelvenstam(Sonrisas de una Noche de Verano); con algunos es la primera vez que trabaja, pero otros ya eran veteranos a las órdenes de Bergman. Un reparto magistral sin duda, en el que me llama la atención la efusividad de las mujeres, protagonistas indiscutibles de las obras de Bergman: los grandes aspavientos, la expresividad de la cara, la gran dramatización de los acontecimientos es algo que no acostumbro a ver pero que resulta refrescante(comportamientos característicos de las mujeres de la familia del profesor y de la joven Sara autoestopista). Pero también las hay contenidas, distantes y estas son, a mi parecer, las mejores interpretaciones del filme, destacando a Ingrid Thulin como la nuera de Borj y a Gertrud Fridh como su esposa. Tampoco podemos olvidar a una fantástica Naima Wifstrand como una madre distante y una anciana poco común. 



Bergman es un hombre preocupado por las relaciones personales, sobre todo las de pareja y las analiza a lo largo de sus películas desde diversos puntos de vista; sus preferidas parecen ser las parejas caóticas: aquellas que se aman de forma tóxica, los triángulos amorosos o, directamente, los matrimonios infelices. Vemos todas estas variantes en la película: en la pareja que se insulta todo el tiempo, en la joven autoestopista que viaja acompañada de dos chicos y en el fracaso del matrimonio del profesor Borj. Parece que su nuera y su hijo son infelices también, están a punto de separarse por la negativa del marido a tener hijos, pero por una vez el amor triunfa y finalmente se reconcilian.

Este momento coincide también con la toma de conciencia de Isak de sus “pecados”. Tras estar en un estado de tensión constante a lo largo de la película, tras tanta incertidumbre, parece que al fin tiene un momento de epifanía y decide acabar con la seriedad, con el frío de su corazón, con la indiferencia, para retomar el contacto verdadero con las personas que quiere y que están a su alrededor. Es un momento de alivio para el espectador, que llega a encariñarse y a sentir pena por este.

Cabe destacar que Bergman fue hijo de un Pastor luterano, por lo que su educación fue principalmente religiosa. A pesar de ello fue capaz de crearse su propia opinión sobre la existencia de Dios y la religión en sí y esa dicotomía se ve reflejada en los dos autoestopistas que acompañan a Sara, uno de ellos dispuesto a entran en el seminario y el otro amante de la música y de la vida. Podemos ver la figura del director reflejada en la muchacha, que no sabe entre cual de los dos escoger.

 El uso cuidadoso de luces y sombras para remarcar personajes y situaciones da lugar a imágenes limpias, con algunos toques expresionistas en los momentos de sueño y con una sencillez realista y dentro de lo común durante los períodos de lucidez.   



Lo cierto es que, siendo la primera obra de Bergman que veo, la sorpresa ha sido muy agradable: aunque la acción es más bien pausada, no se pierde el ritmo ni el interés en ningún momento. La historia es sencilla, de una claridad emocional perfecta, aunque me pregunto si en la vida real ese profesor hubiera cambiado verdaderamente, puesto que ya se sabe que el ser humano es un animal de costumbres y que, cuanto más mayores somos, más trabajo nos cuesta variar nuestras rutinas y nuestro pensamiento. 

lunes, 17 de marzo de 2014

El Día de la Marmota

ATRAPADO EN EL TIEMPO
Ficha técnica

Dirección: Harold Ramis

Producción: Trevor Albert, Harold Ramis

Guion: Danny Rubin, Harold Ramis

Música: George Fenton; Fotografía: John Bailey

Protagonistas: Bill Murray, Andie MacDowell, Chris Elliott, Stephen Tobolowsky

Otro patinazo más de los traductores a la hora de pasar un título al español. La conocida en inglés como Groundhog Day o El Día de la Marmota es una de las mejores películas que Harold Ramis hizo como director.
Su trayectoria en el mundo del espectáculo ha estado siempre ligada a la comedia, género al que dedicó su carrera por completo. Nacido en Chicago, dio el salto desde uno de los programas de cómicos más populares(a la altura del Saturday Night Live) a la gran pantalla, como actor y como director de comedias románticas.
Enmarcada entre otras de sus grandes películas, como Club Paraíso, Mis Dobles, Mi Mujer y Yo o Una Terapia Peligrosa, Atrapado en el Tiempo podría considerarse una de las grandes comedias románticas de los 90, no solo por ser divertida y romántica, como bien indica su género, sino por ser original.
Apoyada en la genial actuación de Bill Murray, que interpreta a un hombre del tiempo hastiado de la vida, Atrapado en el Tiempo nos transmite la sensación de inquietud y de nerviosismo que el protagonista siente, al repetirse todo una y otra y otra vez.
El Día de la Marmota nos narra la historia de Phil Connors, que se ve obligado a cubrir por enésima vez el evento más popular del pequeño pueblo de Punxsutawney: el despertar de la marmota, que pronosticará si habrá una primavera temprana o no dependiendo de si ve su sombra reflejada… o no. Su ansiedad por irse tras el fastidioso evento se ve incrementada al verse atrapado con su nueva productora(la adorable Andie McDowell) y su cámara (el gran conocido/desconocido Stephen Tobolowsky), a los que trata peor que mal, por una tormenta de nieve que él no predijo. Horrorizado, comprobará que, al día siguiente, el mañana no ha llegado, sino que vuelve a ser el Día de la Marmota, y así durante el resto de sus días.
La película es una comedia romántica clásica, fiel a la estructura del género, pero a la que se pueden sacar varias líneas de pensamiento; nos encontramos con que hay tres dimensiones principales en el filme: la psicológica, la teológica y el discurso sobre el amor.
Al protagonista se le presenta la posibilidad de vivir un día eterno, un mal día en su inicio, pero con el que puede hacer lo que quiera, ya que lo repite una y otra vez. Puede hacer todo lo que le plazca durante esas 24h y, de hecho, hace todo lo que se podría hacer: desde irse de juerga, jugar con la ley, acostarse mediante engaños con una desconocida, comer todas las guarrerías que quiera y robar un banco hasta suicidarse tantas veces que, más que una película de Ramis, parece una temporada completa de 1000 Maneras de Morir.
El que no exista el mañana, el que no haya consecuencias de tus actos más allá de las 24 horas eternas, te despoja de toda posibilidad de construir algo sólido a tu alrededor: es una condena a la eterna soledad, una vida inmortal sin posibilidades de compartir, solo de retraerse. Es como una cara más del mito del vampiro, pero sin la sangre y sin evitar la luz del sol. Puedes aprender, hacerte más sabio o desperdiciar tu tiempo, pero sin crear verdaderos lazos con nadie más allá de tus 24 horas. Lo que verdaderamente destruye al personaje, lo que lo atormenta, es el ser consciente de ello; por primera vez parece abrir los ojos y “ver” lo que hay a su alrededor, lo que ocurre a su paso.
El concepto del tiempo se desdibuja y se crea un bucle que da la oportunidad al protagonista de aprender de sus errores, de cambiar lo que no le gusta y de aprender, sin consecuencias si te equivocas, algo que todos hemos querido alguna vez pero de lo que, tras ver la película, se te quitan las ganas.
Phil sufre una trasformación paulatina a lo largo de la película. Intenta pedir ayuda, lo que es inútil, porque al final del día todo vuelve a repetirse y la gente a su alrededor olvida lo que les ha podido decir. Intenta matarse para acabar con el “hechizo”, pero tampoco funciona. Al principio sigue en su línea: él es un hombre egoísta, que no se gusta a sí mismo pero que se cree superior y utiliza la posibilidad de repetirlo todo para su propio beneficio, incluyendo ligarse a su productora, de la que realmente está enamorado. Se da cuenta de que no se puede engañarla, por mucho que finja ser su hombre perfecto, para que se enamore de él, así que acaba desistiendo de los ataques directos y, poco a poco, se va entregando a hacer el bien a su alrededor.
Aprovechando sus conocimientos, lo que nos llevará a la cuestión teológica, acaba por ayudar a la gente del pueblo con dificultades: un niño que se cae de un árbol, unas señoras que pinchan con el coche, un señor que está a punto de ahogarse con la comida, etc. Se transforma en una persona servicial y amable, pero sin olvidarse a sí mismo: está enamorado de Rita y quiere impresionarla, para lo que solo tiene 24 horas, así que, en vez de fingir ser el hombre perfecto para ella, se transforma en él, estudiando lo que ella estudió y aprendiendo a tocar el piano, entre otras cosas. El querer serlo todo para Rita lo transforma y a la vez, hace que siga siendo él mismo, lo que nos lleva a la tercera dimensión del filme.
Parándonos en el apartado teológico, hay varios hechos que llevan al protagonista a pensar que es dios, pero no el único dios, sino uno más, lo que dejar abierta la puerta de politeísmo. Él sabe todo lo que va a pasar, cuándo y dónde; lo conoce todo sobre los habitantes de Punxsutawney y tiene el poder, o mejor dicho, la opción de intervenir en sus vidas si le place. Puede cambiar todo lo que ocurre en esas 24 horas sin importarle lo más mínimo puesto que, al final del día, todo volverá al principio y no importará. Es el único que puede hacerlo, por ello se plantea dicha cuestión. Sus decisiones son importantes, aunque no exista un futuro.
La tercera cuestión, la que nos lleva a hablar del amor, nos enseña que es algo que no se puede forzar, como hemos dicho con anterioridad. Aunque sea en tan breve lapso de tiempo hay que dejarlo fluir y ver qué pasa. Aun así, podría decirse que Phil empuja la situación hacia el punto en el que le conviene, la controla, y a la vez es controlado, porque conoce los gustos de Rita y se adapta a ellos para convertirse en el “hombre perfecto” de esa “mujer perfecta”. Los estereotipos están presentes en la película y nos deja con una sensación agridulce.
Hay una pregunta que también podemos plantearnos: ¿Será bueno el resto de su vida porque de verdad ha cambiado o por temor a volver a quedar atrapado en el tiempo? Lo que el hechizo pretendía conseguir(por decirlo de algún modo) era que Phil aprendiera a vivir el día a día, que disfrutara de las pequeñas cosas de la vida, que mirara y viera lo que había a su alrededor… y parece que lo consigue en el momento en el que admite que es feliz con ella, aunque todo sea en vano y no exista un futuro.

Técnicamente, el filme se salta la linealidad del relato, lo que resulta innovador. Las piezas del aparataje musical, la fotografía y el montaje están bien, son correctas, con buenas escenas pero nada realmente remarcable. Es una película recomendable de ver, un manual de autoayuda y una guía del buen comportamiento, una lección de vida a seguir divertida y entrañable. 

martes, 11 de marzo de 2014

12 Años de Esclavitud

FICHA TÉCNICA
Director.- Steve McQueen
Productor.- Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Steve McQueen y Anthony Katagas
Guión.-
John Ridley, adaptación del libro 12 años de esclavitud de Solomon Northup
Montaje: Joe Walker; Diseño de producción: Adam Stockhausen;
Dirección de fotografía: Sean Bobbitt; Música: Hans Zimmer
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong'o, Benedict Cumberbatch, Brad Pitt, Paul Giamatti, Alfre Woodard

¿Vivir o sobrevivir?
12 Años De Esclavitud es una gran obra preparada para ser éxito de crítica y para levantar a las masas. No se puede negar que la historia es buena y está bien contada, pero tampoco el hecho de que está grabada a posta. Podría incluso tomarse como una metáfora de la situación global actual, un llamamiento al levantamiento de las multitudes “esclavizadas” por el capitalismo y los gobiernos actuales, como ya fue el año pasado la también galardonada “Los Miserables”.
En época de crisis se disparan las historias de héroes, ya sean con súper poderes o no y las narraciones de grandes hechos, reales o inventados, que instalan(o al menos pretenden instalar) en el espíritu de los espectadores un sentimiento de esperanza, de grandeza, de superioridad ante las adversidades y de fuerza ante los opresores, que pueden ser vencidos si se trabaja juntos, como en V de Vendetta. Esta es una de esas películas, preparadas para los tiempos que corren, lo que no es en absoluto reprochable.
No es la primera vez que el director británico Steve McQueen lleva a la gran pantalla la historia de un héroe oprimido; ya lo hizo en Hunger, su primer largometraje y en Shame, aunque en este caso el héroe no fuera tal y estuviera atado por sus propias obsesiones, las cuales Michael Fassbender repite en parte en 12 Años de Esclavitud. Aquí podemos ver claramente por qué repite actor, puesto que Michael está espectacular como amo cruel y déspota, seguro de que la Ley Divina lo había hecho superior a la raza negra.
Sus compañeros de reparto, destacando a Chiwetel Ejiofor y a Lupita Nyong’o también están espectaculares. Su dolor, su esfuerzo por permanecer cuerdos es desgarrador, al igual que sus esperanzas, tan dispares, de seguir con vida y de morir con un mínimo de dignidad.
 La visión de la deshumanización de los esclavos es brutal, nos lleva a preguntarnos cómo es posible que el ser humano se vea advocado a separarse tanto de aquello que lo hace, precisamente, humano. Nadie ayuda a nadie, nadie dice o hace nada bajo el temor del látigo o de la soga, por ello los pequeños signos de humanidad se vuelven resplandecientes como una estrella: los reproches del propio Solomon o de Patsey, que por ser la mejor trabajadora y la favorita del amo recibe todo el grueso de la violencia de la señora de la casa, muestran que si quieres sobrevivir, has de ser mediocre, no destacar en absoluto.  ¿No es esa la lección que muchos pretenden transmitir hoy en día?

La formación artística previa del director, experto en la videocreación, a veces con obras sin sonido, se refleja en la fuerza de las imágenes, de la expresión. Busca emocionar mediante la acción más que por discursos rimbombantes y épicos, aunque no faltan las grandes frases.  Las escenas de violencia son crueles, crudas y van a los hechos, sin la necesidad de regodearse en la sangre. El sufrimiento de los personajes llega y conmueve gracias a la magnífica actuación de sus protagonistas.
Es un autor que no se para en detalles innecesarios, cuenta la historia punto por punto, con emotividad y sencillez, pero con potencia. El trabajo en general del equipo técnico es sublime, con una hermosa fotografía y una banda sonora sencilla pero muy acertada.
Cabe destacar el papel de Brad Pitt, productor del filme, dentro del mismo; es bien sabida la labor humanitaria y las creencias del actor y de su esposa, por lo que tiene sentido que de vida al personaje libertador que ayuda a Solomon, pero por otro lado le resta seriedad al verse muy forzada su adjudicación.
En general es una película enérgica, sincera y emotiva que llega al espectador con la fuerza de un huracán, levantando multitud de sentimientos contradictorios: de afecto y rechazo a la par que de tristeza y alegría. Conmueve el sufrimiento, da rabia la actitud de los patrones y alivia el hecho de que estas situaciones, en teoría, no se den en la actualidad, aunque sea una suposición equivocada. La voluntad de observar estos hechos desde un prisma diferente, desde la base de una obra autobiográfica y desde el exterior de Estados Unidos, aporta unos matices singulares, que se ven reflejados en el éxito de crítica, galardones y público.


viernes, 28 de febrero de 2014

Caché (Hidden)

Título original: Caché (Hidden)
Año: 2005
Dirección y guión: Michael Haneke.
Reparto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou, Annie Girardot, Lester Makedonsky, Bernard Le Coq, Walid Afkir, Daniel Duval, Aïsa Maïga.
Productora: Coproducción realizada entre Francia, Austria, Alemania e Italia.
Género: Intriga, drama psicológico.

Caché
De sangre y egoísmo.

Otra obra más de Haneke. Es lo primero que podría decirse. Otra que añadirse a la lista de películas similares del autor puesto que, a pesar de los diferentes argumentos que puedan presentarse en su filmografía, todo se reduce a lo mismo: el despiece de la mente humana.

De la mano de grandes actores como Auteuil y Binoche y en una coproducción internacional, dado al enorme potencial de este director surgido de la psicología y la filosofía, nace una obra perturbadora en su simplicidad visual y en su gran retorcimiento de la moralidad.

Detrás de la máscara

Podría decirse que el tema está ya muy trillado, pero lo cierto es que Haneke trata esas disecciones psicológicas que realiza a sus personajes de una forma que podría catalogarse como especialmente metódica y cruel. Es un autor más centrado en las reacciones de los personajes que en los hechos en sí.

Al igual que otras películas de su filmografía, como en Benny’s Video, utiliza el soporte fílmico para inquietar al espectador. Lo introduce de forma magistral en el relato, causando la primera gran sorpresa del filme(la segunda llegará con la entrada de su casi hermanastro y la tercera y mayor de todas, con el final prácticamente inexistente). A lo largo de toda la película van introduciendo nuevos fragmentos de las cintas que les son enviadas y salvo que aparezca el familiar rebobinar de las mismas, se es incapaz de discernir si pertenecen al texto o al metatexto.  

En Caché, Haneke vuelve a centrarse en una familia burguesa aparentemente normal(tan normal como lo son para el autor los nombres de los protagonistas, Georges y Anne, usados también en Amor, Código Desconocido y Funny Games) que sufre una transformación total a raíz de la incorporación de un perturbador elemento externo: unas grabaciones de su propia casa de las que deberían haber tenido constancia(por el posicionamiento de la cámara y su cercanía a la misma en algunas ocasiones), pero de las que no se dieron cuenta. El nerviosismo da paso al pánico progresivamente, cuando empiezan a llegar también los dibujos y la policía dice no poder hacer nada. La paranoia va creciendo dentro de la pareja, que acusa la falta de comunicación y empieza a hacerse reproches por cosas que anteriormente habrían pasado por alto.

Un genial Auteuil muestra la transformación que un padre de familia con un trabajo respetable y una imagen determinada conocida a gran escala(debido a su constante presencia en televisión) sufre ante secretos del pasado que empiezan a salir a la luz: su derrumbe psicológico, que nos muestra lo que hay tras la máscara. Inmediatamente se vuelve colérico, orgulloso e incluso violento, aunque no llegue al ámbito físico. A pesar del miedo no admite su culpa, no acepta que todo ocurrió por su egoísmo en la niñez, lo que, por otro lado, ¿es realmente reprochable? También parece indiferente ante el hecho de haber catapultado el suicidio de un hombre, que cayó en desgracia por su culpa no una vez, sino dos. No le importa el daño que pueda causar a los demás, solo su propia seguridad y la de los suyos.

Por su parte, Binoche se muestra perfectamente preocupada por su familia, nerviosa por saber que alguien los sigue y enfadada, como es del todo normal, ante el silencio de su marido.

Es curiosa la reacción del hijo de ambos, que parece tener una información importante con respecto a su madre, pero que nadie sabe de dónde ha sacado.

La película se desarrolla en una aparente calma que, en contraste con la tormenta interior que sufren los personajes, crea una atmósfera de tensión y de frustración. La acción es de todo menos frenética, lo que puede llegar a aburrir a los espectadores menos acostumbrados a este tipo de películas. El crescendo es tan sutil que apenas te percatas de ello, pero también parece quedarse flácido repentinamente, cuando los títulos de crédito aparecen en pantalla y piensas: ¿y qué más?

Parte de la construcción del sentimiento de frustración, agobio e incertidumbre es llevado a cabo por los largos planos fijos y las escenas que aparentemente sobran. Aunque la calidad de ambos filmes es opuesta, personalmente he tenido momentos en los que he buscado frenéticamente que algo repentino ocurriera durante esos planos, igual que cuando vi Paranormal Activity buscaba con el corazón en la boca la siguiente cacerola que se caería o qué aparecería desde el pasillo oscuro.

La monotonía y similitud de la mayor parte de las escenas hacen que aquellas en las que se introducen actos violentos resalten especialmente: la matanza del gallo(que murió realmente), el suicidio del que podría haber sido el hermanastro de Georges… Sorprenden como una bofetada. La crudeza de las mismas es otro rasgo característico de este autor de contrastes.

¿Es realmente razonable la venganza llevada a cabo contra la familia del protagonista por los celos de un niño? Del escueto final podemos deducir que es el hijo del suicida el que ha estado enviando las cintas. ¿Cómo llegamos a esto? Por la frialdad con la que trata a Georges tras la muerte de su padre y porque, en la escena final, parece que podemos ver a un chico de sus características hablando con un niño que parece ser Pierrot.

El filme nos deja con la sensación de que todos los hombres muestran su verdadera cara ante el dolor y el miedo, pero también ante el amor: el amor a nuestros padres, a nuestra familia. ¿Qué es lo que no seríamos capaces de hacer por mantener con nosotros a nuestros seres queridos?
  



sábado, 15 de febrero de 2014

La Hipótesis del Cuadro Robado

Una larga sucesión de estatuas vivientes engarzadas por una conversación filosófica y a veces ininteligible. Creo que así podría resumir mi experiencia con esta película.

Dejando a un lado el difícil visionado(en francés con subtítulos en inglés), lo cierto es que el filme me ha dejado con la sensación de no haberme enterado de la mitad de lo que decía. No sé dónde está el cuadro robado, ni de qué trataba, ni de dónde encajaba en el orden con el resto(ni siquiera sé si realmente había o no un cuadro robado). No me he enterado de si la historia familiar narrada era verdadera o falsa, de cuál era la relación exacta que mantenían con la Orden del Temple ni de cuál era la gran Ceremonia a la que el anciano aludía todo el rato. 

Podrían denominarse como bellos algunos de los cuadros vivientes representados por los actores en la película, pero lo cierto es que, para mi gusto, pierden fuerza al permanecer tanto tiempo la imagen centrada en los mismos: da la sensación de que el tiempo se detiene, de que no corre, lo que causa una atmósfera de tensión... que acaba transformándose en impaciencia. Y todo ello, repitiéndose una y otra vez, convierte la película en, como mínimo, difícil de ver. 

No sé si mi falta de raíces filosóficas se deben a que he captado los diálogos a saltos, si es por cansancio o porque simplemente no he entendido nada. Pero bueno, es como todas, una opinión personal, así que deberán verla por sí mismos para determinar si es de su gusto o no.