martes, 11 de marzo de 2014

12 Años de Esclavitud

FICHA TÉCNICA
Director.- Steve McQueen
Productor.- Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Steve McQueen y Anthony Katagas
Guión.-
John Ridley, adaptación del libro 12 años de esclavitud de Solomon Northup
Montaje: Joe Walker; Diseño de producción: Adam Stockhausen;
Dirección de fotografía: Sean Bobbitt; Música: Hans Zimmer
Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong'o, Benedict Cumberbatch, Brad Pitt, Paul Giamatti, Alfre Woodard

¿Vivir o sobrevivir?
12 Años De Esclavitud es una gran obra preparada para ser éxito de crítica y para levantar a las masas. No se puede negar que la historia es buena y está bien contada, pero tampoco el hecho de que está grabada a posta. Podría incluso tomarse como una metáfora de la situación global actual, un llamamiento al levantamiento de las multitudes “esclavizadas” por el capitalismo y los gobiernos actuales, como ya fue el año pasado la también galardonada “Los Miserables”.
En época de crisis se disparan las historias de héroes, ya sean con súper poderes o no y las narraciones de grandes hechos, reales o inventados, que instalan(o al menos pretenden instalar) en el espíritu de los espectadores un sentimiento de esperanza, de grandeza, de superioridad ante las adversidades y de fuerza ante los opresores, que pueden ser vencidos si se trabaja juntos, como en V de Vendetta. Esta es una de esas películas, preparadas para los tiempos que corren, lo que no es en absoluto reprochable.
No es la primera vez que el director británico Steve McQueen lleva a la gran pantalla la historia de un héroe oprimido; ya lo hizo en Hunger, su primer largometraje y en Shame, aunque en este caso el héroe no fuera tal y estuviera atado por sus propias obsesiones, las cuales Michael Fassbender repite en parte en 12 Años de Esclavitud. Aquí podemos ver claramente por qué repite actor, puesto que Michael está espectacular como amo cruel y déspota, seguro de que la Ley Divina lo había hecho superior a la raza negra.
Sus compañeros de reparto, destacando a Chiwetel Ejiofor y a Lupita Nyong’o también están espectaculares. Su dolor, su esfuerzo por permanecer cuerdos es desgarrador, al igual que sus esperanzas, tan dispares, de seguir con vida y de morir con un mínimo de dignidad.
 La visión de la deshumanización de los esclavos es brutal, nos lleva a preguntarnos cómo es posible que el ser humano se vea advocado a separarse tanto de aquello que lo hace, precisamente, humano. Nadie ayuda a nadie, nadie dice o hace nada bajo el temor del látigo o de la soga, por ello los pequeños signos de humanidad se vuelven resplandecientes como una estrella: los reproches del propio Solomon o de Patsey, que por ser la mejor trabajadora y la favorita del amo recibe todo el grueso de la violencia de la señora de la casa, muestran que si quieres sobrevivir, has de ser mediocre, no destacar en absoluto.  ¿No es esa la lección que muchos pretenden transmitir hoy en día?

La formación artística previa del director, experto en la videocreación, a veces con obras sin sonido, se refleja en la fuerza de las imágenes, de la expresión. Busca emocionar mediante la acción más que por discursos rimbombantes y épicos, aunque no faltan las grandes frases.  Las escenas de violencia son crueles, crudas y van a los hechos, sin la necesidad de regodearse en la sangre. El sufrimiento de los personajes llega y conmueve gracias a la magnífica actuación de sus protagonistas.
Es un autor que no se para en detalles innecesarios, cuenta la historia punto por punto, con emotividad y sencillez, pero con potencia. El trabajo en general del equipo técnico es sublime, con una hermosa fotografía y una banda sonora sencilla pero muy acertada.
Cabe destacar el papel de Brad Pitt, productor del filme, dentro del mismo; es bien sabida la labor humanitaria y las creencias del actor y de su esposa, por lo que tiene sentido que de vida al personaje libertador que ayuda a Solomon, pero por otro lado le resta seriedad al verse muy forzada su adjudicación.
En general es una película enérgica, sincera y emotiva que llega al espectador con la fuerza de un huracán, levantando multitud de sentimientos contradictorios: de afecto y rechazo a la par que de tristeza y alegría. Conmueve el sufrimiento, da rabia la actitud de los patrones y alivia el hecho de que estas situaciones, en teoría, no se den en la actualidad, aunque sea una suposición equivocada. La voluntad de observar estos hechos desde un prisma diferente, desde la base de una obra autobiográfica y desde el exterior de Estados Unidos, aporta unos matices singulares, que se ven reflejados en el éxito de crítica, galardones y público.


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