lunes, 17 de marzo de 2014

El Día de la Marmota

ATRAPADO EN EL TIEMPO
Ficha técnica

Dirección: Harold Ramis

Producción: Trevor Albert, Harold Ramis

Guion: Danny Rubin, Harold Ramis

Música: George Fenton; Fotografía: John Bailey

Protagonistas: Bill Murray, Andie MacDowell, Chris Elliott, Stephen Tobolowsky

Otro patinazo más de los traductores a la hora de pasar un título al español. La conocida en inglés como Groundhog Day o El Día de la Marmota es una de las mejores películas que Harold Ramis hizo como director.
Su trayectoria en el mundo del espectáculo ha estado siempre ligada a la comedia, género al que dedicó su carrera por completo. Nacido en Chicago, dio el salto desde uno de los programas de cómicos más populares(a la altura del Saturday Night Live) a la gran pantalla, como actor y como director de comedias románticas.
Enmarcada entre otras de sus grandes películas, como Club Paraíso, Mis Dobles, Mi Mujer y Yo o Una Terapia Peligrosa, Atrapado en el Tiempo podría considerarse una de las grandes comedias románticas de los 90, no solo por ser divertida y romántica, como bien indica su género, sino por ser original.
Apoyada en la genial actuación de Bill Murray, que interpreta a un hombre del tiempo hastiado de la vida, Atrapado en el Tiempo nos transmite la sensación de inquietud y de nerviosismo que el protagonista siente, al repetirse todo una y otra y otra vez.
El Día de la Marmota nos narra la historia de Phil Connors, que se ve obligado a cubrir por enésima vez el evento más popular del pequeño pueblo de Punxsutawney: el despertar de la marmota, que pronosticará si habrá una primavera temprana o no dependiendo de si ve su sombra reflejada… o no. Su ansiedad por irse tras el fastidioso evento se ve incrementada al verse atrapado con su nueva productora(la adorable Andie McDowell) y su cámara (el gran conocido/desconocido Stephen Tobolowsky), a los que trata peor que mal, por una tormenta de nieve que él no predijo. Horrorizado, comprobará que, al día siguiente, el mañana no ha llegado, sino que vuelve a ser el Día de la Marmota, y así durante el resto de sus días.
La película es una comedia romántica clásica, fiel a la estructura del género, pero a la que se pueden sacar varias líneas de pensamiento; nos encontramos con que hay tres dimensiones principales en el filme: la psicológica, la teológica y el discurso sobre el amor.
Al protagonista se le presenta la posibilidad de vivir un día eterno, un mal día en su inicio, pero con el que puede hacer lo que quiera, ya que lo repite una y otra vez. Puede hacer todo lo que le plazca durante esas 24h y, de hecho, hace todo lo que se podría hacer: desde irse de juerga, jugar con la ley, acostarse mediante engaños con una desconocida, comer todas las guarrerías que quiera y robar un banco hasta suicidarse tantas veces que, más que una película de Ramis, parece una temporada completa de 1000 Maneras de Morir.
El que no exista el mañana, el que no haya consecuencias de tus actos más allá de las 24 horas eternas, te despoja de toda posibilidad de construir algo sólido a tu alrededor: es una condena a la eterna soledad, una vida inmortal sin posibilidades de compartir, solo de retraerse. Es como una cara más del mito del vampiro, pero sin la sangre y sin evitar la luz del sol. Puedes aprender, hacerte más sabio o desperdiciar tu tiempo, pero sin crear verdaderos lazos con nadie más allá de tus 24 horas. Lo que verdaderamente destruye al personaje, lo que lo atormenta, es el ser consciente de ello; por primera vez parece abrir los ojos y “ver” lo que hay a su alrededor, lo que ocurre a su paso.
El concepto del tiempo se desdibuja y se crea un bucle que da la oportunidad al protagonista de aprender de sus errores, de cambiar lo que no le gusta y de aprender, sin consecuencias si te equivocas, algo que todos hemos querido alguna vez pero de lo que, tras ver la película, se te quitan las ganas.
Phil sufre una trasformación paulatina a lo largo de la película. Intenta pedir ayuda, lo que es inútil, porque al final del día todo vuelve a repetirse y la gente a su alrededor olvida lo que les ha podido decir. Intenta matarse para acabar con el “hechizo”, pero tampoco funciona. Al principio sigue en su línea: él es un hombre egoísta, que no se gusta a sí mismo pero que se cree superior y utiliza la posibilidad de repetirlo todo para su propio beneficio, incluyendo ligarse a su productora, de la que realmente está enamorado. Se da cuenta de que no se puede engañarla, por mucho que finja ser su hombre perfecto, para que se enamore de él, así que acaba desistiendo de los ataques directos y, poco a poco, se va entregando a hacer el bien a su alrededor.
Aprovechando sus conocimientos, lo que nos llevará a la cuestión teológica, acaba por ayudar a la gente del pueblo con dificultades: un niño que se cae de un árbol, unas señoras que pinchan con el coche, un señor que está a punto de ahogarse con la comida, etc. Se transforma en una persona servicial y amable, pero sin olvidarse a sí mismo: está enamorado de Rita y quiere impresionarla, para lo que solo tiene 24 horas, así que, en vez de fingir ser el hombre perfecto para ella, se transforma en él, estudiando lo que ella estudió y aprendiendo a tocar el piano, entre otras cosas. El querer serlo todo para Rita lo transforma y a la vez, hace que siga siendo él mismo, lo que nos lleva a la tercera dimensión del filme.
Parándonos en el apartado teológico, hay varios hechos que llevan al protagonista a pensar que es dios, pero no el único dios, sino uno más, lo que dejar abierta la puerta de politeísmo. Él sabe todo lo que va a pasar, cuándo y dónde; lo conoce todo sobre los habitantes de Punxsutawney y tiene el poder, o mejor dicho, la opción de intervenir en sus vidas si le place. Puede cambiar todo lo que ocurre en esas 24 horas sin importarle lo más mínimo puesto que, al final del día, todo volverá al principio y no importará. Es el único que puede hacerlo, por ello se plantea dicha cuestión. Sus decisiones son importantes, aunque no exista un futuro.
La tercera cuestión, la que nos lleva a hablar del amor, nos enseña que es algo que no se puede forzar, como hemos dicho con anterioridad. Aunque sea en tan breve lapso de tiempo hay que dejarlo fluir y ver qué pasa. Aun así, podría decirse que Phil empuja la situación hacia el punto en el que le conviene, la controla, y a la vez es controlado, porque conoce los gustos de Rita y se adapta a ellos para convertirse en el “hombre perfecto” de esa “mujer perfecta”. Los estereotipos están presentes en la película y nos deja con una sensación agridulce.
Hay una pregunta que también podemos plantearnos: ¿Será bueno el resto de su vida porque de verdad ha cambiado o por temor a volver a quedar atrapado en el tiempo? Lo que el hechizo pretendía conseguir(por decirlo de algún modo) era que Phil aprendiera a vivir el día a día, que disfrutara de las pequeñas cosas de la vida, que mirara y viera lo que había a su alrededor… y parece que lo consigue en el momento en el que admite que es feliz con ella, aunque todo sea en vano y no exista un futuro.

Técnicamente, el filme se salta la linealidad del relato, lo que resulta innovador. Las piezas del aparataje musical, la fotografía y el montaje están bien, son correctas, con buenas escenas pero nada realmente remarcable. Es una película recomendable de ver, un manual de autoayuda y una guía del buen comportamiento, una lección de vida a seguir divertida y entrañable. 

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