miércoles, 2 de abril de 2014

FRESAS SALVAJES: Nunca es demasiado tarde


Equipo técnico

Dirección y guión: Ingmar Bergman
Producción: Allan Ekelund
Música: Erik Nordgren
Foto: Gunnar Fischer
Montaje: Oscar Rosander
Escenografía: Gittan Gustafsson



LAS FRESAS DEL PARAÍSO

Una película sobre recuerdos hecha para recordar.

Eso es lo primero que podríamos decir de esta magnífica obra de Bergman, cuyo título evoca para el pueblo escandinavo un lugar mejor, un lugar feliz que el personaje parece reconocer en sus años de vejez y al que aspira volver a llegar.

A caballo entre la realidad y los sueños, entre el presente y el recuerdo, Bergman nos lleva, de la mano del profesor Isak Borj, de viaje por una vida nula, una vida no vivida que clama por un poco de frescor.

Nuestro protagonista, un anciano que se prepara para recibir un homenaje por su trayectoria como doctor en la Universidad de Lund, tras soñar la noche antes del evento con su propio cadáver, decide viajar en coche hasta la ciudad vecina, acompañado por su nuera. Será un viaje que lo sumirá en los recuerdos tras parar en la casa donde pasó los veranos de su infancia y juventud: rememorará su primer amor(su prima Sara, la recolectora de fresas salvajes), recogerán a tres autoestopistas que lo ayudarán en su viaje personal y se reconvertirá, tras darse cuenta de los errores de su vida, en una persona mejor y más amable.



Escrita mientras el autor estaba hospitalizado y estrenada en 1957(el mismo año que el autor llevó a la gran pantalla El Séptimo Sello), estuvo nominada a un Oscar al mejor guión original y fue ganadora de un Oso de Oro en el Festival de Berlín. Es considerada una de las mejores obras del autor y recoge muchos de los temas que Bergman desarrolló a lo largo de toda su filmografía, desde 1947 hasta 2003.

Autor de costumbres, vemos el nombre de la mayoría del reparto de esta película en muchas otras de sus obras: Bibi Andersson(El Rostro), Ingrid Thulin(El silencio), Gunnar Björnstrand(Los Comulgantes), Victor Sjöström(Hacia la Felicidad) y Björn Bjelvenstam(Sonrisas de una Noche de Verano); con algunos es la primera vez que trabaja, pero otros ya eran veteranos a las órdenes de Bergman. Un reparto magistral sin duda, en el que me llama la atención la efusividad de las mujeres, protagonistas indiscutibles de las obras de Bergman: los grandes aspavientos, la expresividad de la cara, la gran dramatización de los acontecimientos es algo que no acostumbro a ver pero que resulta refrescante(comportamientos característicos de las mujeres de la familia del profesor y de la joven Sara autoestopista). Pero también las hay contenidas, distantes y estas son, a mi parecer, las mejores interpretaciones del filme, destacando a Ingrid Thulin como la nuera de Borj y a Gertrud Fridh como su esposa. Tampoco podemos olvidar a una fantástica Naima Wifstrand como una madre distante y una anciana poco común. 



Bergman es un hombre preocupado por las relaciones personales, sobre todo las de pareja y las analiza a lo largo de sus películas desde diversos puntos de vista; sus preferidas parecen ser las parejas caóticas: aquellas que se aman de forma tóxica, los triángulos amorosos o, directamente, los matrimonios infelices. Vemos todas estas variantes en la película: en la pareja que se insulta todo el tiempo, en la joven autoestopista que viaja acompañada de dos chicos y en el fracaso del matrimonio del profesor Borj. Parece que su nuera y su hijo son infelices también, están a punto de separarse por la negativa del marido a tener hijos, pero por una vez el amor triunfa y finalmente se reconcilian.

Este momento coincide también con la toma de conciencia de Isak de sus “pecados”. Tras estar en un estado de tensión constante a lo largo de la película, tras tanta incertidumbre, parece que al fin tiene un momento de epifanía y decide acabar con la seriedad, con el frío de su corazón, con la indiferencia, para retomar el contacto verdadero con las personas que quiere y que están a su alrededor. Es un momento de alivio para el espectador, que llega a encariñarse y a sentir pena por este.

Cabe destacar que Bergman fue hijo de un Pastor luterano, por lo que su educación fue principalmente religiosa. A pesar de ello fue capaz de crearse su propia opinión sobre la existencia de Dios y la religión en sí y esa dicotomía se ve reflejada en los dos autoestopistas que acompañan a Sara, uno de ellos dispuesto a entran en el seminario y el otro amante de la música y de la vida. Podemos ver la figura del director reflejada en la muchacha, que no sabe entre cual de los dos escoger.

 El uso cuidadoso de luces y sombras para remarcar personajes y situaciones da lugar a imágenes limpias, con algunos toques expresionistas en los momentos de sueño y con una sencillez realista y dentro de lo común durante los períodos de lucidez.   



Lo cierto es que, siendo la primera obra de Bergman que veo, la sorpresa ha sido muy agradable: aunque la acción es más bien pausada, no se pierde el ritmo ni el interés en ningún momento. La historia es sencilla, de una claridad emocional perfecta, aunque me pregunto si en la vida real ese profesor hubiera cambiado verdaderamente, puesto que ya se sabe que el ser humano es un animal de costumbres y que, cuanto más mayores somos, más trabajo nos cuesta variar nuestras rutinas y nuestro pensamiento. 

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