Equipo técnico
Dirección y guión: Ingmar Bergman
Producción: Allan Ekelund
Música: Erik Nordgren
Foto: Gunnar Fischer
Montaje: Oscar Rosander
Escenografía: Gittan Gustafsson
LAS FRESAS DEL PARAÍSO
Una película sobre recuerdos
hecha para recordar.
Eso es lo primero que podríamos
decir de esta magnífica obra de Bergman, cuyo título evoca para el pueblo
escandinavo un lugar mejor, un lugar feliz que el personaje parece reconocer en
sus años de vejez y al que aspira volver a llegar.
A caballo entre la realidad y los
sueños, entre el presente y el recuerdo, Bergman nos lleva, de la mano del
profesor Isak Borj, de viaje por una vida nula, una vida no vivida que clama
por un poco de frescor.
Nuestro protagonista, un anciano que
se prepara para recibir un homenaje por su trayectoria como doctor en la
Universidad de Lund, tras soñar la noche antes del evento con su propio
cadáver, decide viajar en coche hasta la ciudad vecina, acompañado por su
nuera. Será un viaje que lo sumirá en los recuerdos tras parar en la casa donde
pasó los veranos de su infancia y juventud: rememorará su primer amor(su prima
Sara, la recolectora de fresas salvajes), recogerán a tres autoestopistas que
lo ayudarán en su viaje personal y se reconvertirá, tras darse cuenta de los
errores de su vida, en una persona mejor y más amable.
Escrita mientras el autor estaba
hospitalizado y estrenada en 1957(el mismo año que el autor llevó a la gran
pantalla El Séptimo Sello), estuvo nominada a un Oscar al mejor guión original
y fue ganadora de un Oso de Oro en el Festival de Berlín. Es considerada una de
las mejores obras del autor y recoge muchos de los temas que Bergman desarrolló
a lo largo de toda su filmografía, desde 1947 hasta 2003.
Autor de costumbres, vemos el
nombre de la mayoría del reparto de esta película en muchas otras de sus obras:
Bibi Andersson(El Rostro), Ingrid Thulin(El silencio), Gunnar Björnstrand(Los
Comulgantes), Victor Sjöström(Hacia la Felicidad) y Björn Bjelvenstam(Sonrisas
de una Noche de Verano); con algunos es la primera vez que trabaja, pero otros
ya eran veteranos a las órdenes de Bergman. Un reparto magistral sin duda, en
el que me llama la atención la efusividad de las mujeres, protagonistas
indiscutibles de las obras de Bergman: los grandes aspavientos, la expresividad
de la cara, la gran dramatización de los acontecimientos es algo que no
acostumbro a ver pero que resulta refrescante(comportamientos característicos
de las mujeres de la familia del profesor y de la joven Sara autoestopista). Pero
también las hay contenidas, distantes y estas son, a mi parecer, las mejores
interpretaciones del filme, destacando a Ingrid Thulin como la nuera de Borj y
a Gertrud Fridh como su esposa. Tampoco podemos olvidar a una fantástica Naima Wifstrand como una madre distante y una anciana poco común.
Bergman es un hombre preocupado
por las relaciones personales, sobre todo las de pareja y las analiza a lo
largo de sus películas desde diversos puntos de vista; sus preferidas parecen
ser las parejas caóticas: aquellas que se aman de forma tóxica, los triángulos
amorosos o, directamente, los matrimonios infelices. Vemos todas estas
variantes en la película: en la pareja que se insulta todo el tiempo, en la
joven autoestopista que viaja acompañada de dos chicos y en el fracaso del
matrimonio del profesor Borj. Parece que su nuera y su hijo son infelices
también, están a punto de separarse por la negativa del marido a tener hijos,
pero por una vez el amor triunfa y finalmente se reconcilian.
Este momento coincide también con
la toma de conciencia de Isak de sus “pecados”. Tras estar en un estado de
tensión constante a lo largo de la película, tras tanta incertidumbre, parece
que al fin tiene un momento de epifanía y decide acabar con la seriedad, con el
frío de su corazón, con la indiferencia, para retomar el contacto verdadero con
las personas que quiere y que están a su alrededor. Es un momento de alivio
para el espectador, que llega a encariñarse y a sentir pena por este.
Cabe destacar que Bergman fue
hijo de un Pastor luterano, por lo que su educación fue principalmente
religiosa. A pesar de ello fue capaz de crearse su propia opinión sobre la
existencia de Dios y la religión en sí y esa dicotomía se ve reflejada en los
dos autoestopistas que acompañan a Sara, uno de ellos dispuesto a entran en el
seminario y el otro amante de la música y de la vida. Podemos ver la figura del
director reflejada en la muchacha, que no sabe entre cual de los dos escoger.
El uso cuidadoso de luces y sombras para
remarcar personajes y situaciones da lugar a imágenes limpias, con algunos
toques expresionistas en los momentos de sueño y con una sencillez realista y
dentro de lo común durante los períodos de lucidez.
Lo cierto es que, siendo la
primera obra de Bergman que veo, la sorpresa ha sido muy agradable: aunque la acción
es más bien pausada, no se pierde el ritmo ni el interés en ningún momento. La
historia es sencilla, de una claridad emocional perfecta, aunque me pregunto si
en la vida real ese profesor hubiera cambiado verdaderamente, puesto que ya se
sabe que el ser humano es un animal de costumbres y que, cuanto más mayores
somos, más trabajo nos cuesta variar nuestras rutinas y nuestro pensamiento.



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