Título original:
Katakuri-ke no Kôfuku
Año: 2001
Director: Takashi
Miike
Guión: Kikumi
Yamagishi
Música: Kôji
Endô, Kôji Makaino
Fotografía: Hideo
Yamamoto
Reparto: Kenji
Sawada, Keiko Matsuzaka, Shinju Takeda, Naomi Nishida, Kiyoshiro Imawano,
Tetsuro Tamba, Kenichi Endo, Tokitoshi Shiota, Yoshiyuki Morishita.
Un batido
especial de digerir
Fascinación y repugnancia a partes iguales es lo que me
produce este filme de Takashi Miike, maestro de la casquería y del bizarrismo
más extremo.
Caracterizado por su gran número de obras en un breve lapso
de tiempo(más de 60 películas en 15 años) y por ser odiado y admirado a partes
iguales, La Felicidad de los Katakuri
entra también dentro de esa dicotomía para el espectador.
Las peripecias de esta familia que, por casualidades de la
vida, acaba abriendo un hostal en medio de ninguna parte, nos llevará por un
viaje repleto de muertes absurdas, tétricos episodios de animación en stop
motion y momentos musicales en los que no faltarán los zombies y los volcanes
en plena erupción.
El humor negro que desprende la película es fantástico para
los amantes de dichas emociones, pero personalmente me hizo sufrir a ratos y
morirme de asco con el diablillo inicial(entre otras cosas). Sin embargo, no se
puede negar que es una película ingeniosa donde las haya, totalmente diferente
a lo habido y por haber y una crítica curiosa a los elementos más adorados por
los japoneses: el anime, los idols, el karaoke y los luchadores de sumo.
Se podría decir que esa primera secuencia de la sopa, el
diablillo, los sucesivos asesinatos(o devoramientos, mejor dicho) y demás
sucesos poco agradables son una metáfora de los problemas que irá sufriendo la
familia más adelante y que, unidos unos con otros, cada vez se hacen más
grandes. Espero que sea así, porque de otra forma no me encaja algo tan
gratuito en la película… Salvo, claro está, que recordemos quién es su
director, el gran amante del sí porque sí.
El ambiente general, colorido, alegre y lleno de
sobreactuaciones crea un universo divertido y feliz a pesar de los problemas
cada vez mayores de los protagonistas, que cantan sus demonios y alabanzas
aleatoriamente con un mezcliche que, sorprendentemente, no queda tan mal y la
película, aunque se hace un poco tonta, no es del todo difícil de ver.
Parece que, entre tanto color y destellos de ordenador,
entre tantas canciones y momentos aparentemente absurdos, pretende enviar un mensaje: la importancia
de la familia, que siempre estará para lo bueno y para lo malo, pase lo que
pase y por ello hay que mantenerse unidos. Sencillamente precioso. Para que no
se diga que se dejó todas las cosas bonitas en el cubo de la sangre falsa.
También cabría destacar los escasos momentos de reflexión de la niña,
para mi gusto el personaje más adorable(sobre todo porque apenas habla) y aquel
casi último momento de la película, antes de reinventar Sonrisas y Lágrimas, en el que se confiesa que el abuelo morirá
poco después, casi arrancándonos una tímida lagrimita que se secará cual Sáhara
con el posterior y final número musical.
En resumen: bravo por el que la vea y le guste. Recomendada
para los amantes del cine más rocambolesco y para los grandes fans de Miike.
Aquellos que prefieran el cine más tradicional(como una servidora), pueden
ahorrársela salvo que quieran aumentar su currículum y ponerse un pin.


No hay comentarios:
Publicar un comentario