viernes, 4 de abril de 2014

La Felicidad de los Katakuri o como hacer zumo mental

Título original: Katakuri-ke no Kôfuku
Año: 2001
Director: Takashi Miike
Guión: Kikumi Yamagishi
Música: Kôji Endô, Kôji Makaino
Fotografía: Hideo Yamamoto
Reparto: Kenji Sawada, Keiko Matsuzaka, Shinju Takeda, Naomi Nishida, Kiyoshiro Imawano, Tetsuro Tamba, Kenichi Endo, Tokitoshi Shiota, Yoshiyuki Morishita.

Un batido especial de digerir

Fascinación y repugnancia a partes iguales es lo que me produce este filme de Takashi Miike, maestro de la casquería y del bizarrismo más extremo.

Caracterizado por su gran número de obras en un breve lapso de tiempo(más de 60 películas en 15 años) y por ser odiado y admirado a partes iguales, La Felicidad de los Katakuri entra también dentro de esa dicotomía para el espectador.

Las peripecias de esta familia que, por casualidades de la vida, acaba abriendo un hostal en medio de ninguna parte, nos llevará por un viaje repleto de muertes absurdas, tétricos episodios de animación en stop motion y momentos musicales en los que no faltarán los zombies y los volcanes en plena erupción.


El humor negro que desprende la película es fantástico para los amantes de dichas emociones, pero personalmente me hizo sufrir a ratos y morirme de asco con el diablillo inicial(entre otras cosas). Sin embargo, no se puede negar que es una película ingeniosa donde las haya, totalmente diferente a lo habido y por haber y una crítica curiosa a los elementos más adorados por los japoneses: el anime, los idols, el karaoke y los luchadores de sumo.

Se podría decir que esa primera secuencia de la sopa, el diablillo, los sucesivos asesinatos(o devoramientos, mejor dicho) y demás sucesos poco agradables son una metáfora de los problemas que irá sufriendo la familia más adelante y que, unidos unos con otros, cada vez se hacen más grandes. Espero que sea así, porque de otra forma no me encaja algo tan gratuito en la película… Salvo, claro está, que recordemos quién es su director, el gran amante del sí porque sí.

El ambiente general, colorido, alegre y lleno de sobreactuaciones crea un universo divertido y feliz a pesar de los problemas cada vez mayores de los protagonistas, que cantan sus demonios y alabanzas aleatoriamente con un mezcliche que, sorprendentemente, no queda tan mal y la película, aunque se hace un poco tonta, no es del todo difícil de ver.

Parece que, entre tanto color y destellos de ordenador, entre tantas canciones y momentos aparentemente absurdos, pretende enviar un mensaje: la importancia de la familia, que siempre estará para lo bueno y para lo malo, pase lo que pase y por ello hay que mantenerse unidos. Sencillamente precioso. Para que no se diga que se dejó todas las cosas bonitas en el cubo de la sangre falsa.

También cabría destacar los escasos momentos de reflexión de la niña, para mi gusto el personaje más adorable(sobre todo porque apenas habla) y aquel casi último momento de la película, antes de reinventar Sonrisas y Lágrimas, en el que se confiesa que el abuelo morirá poco después, casi arrancándonos una tímida lagrimita que se secará cual Sáhara con el posterior y final número musical.



En resumen: bravo por el que la vea y le guste. Recomendada para los amantes del cine más rocambolesco y para los grandes fans de Miike. Aquellos que prefieran el cine más tradicional(como una servidora), pueden ahorrársela salvo que quieran aumentar su currículum y ponerse un pin.  

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