Ficha Técnica:
Título original: Un Coeur en Hiver
Año: 1992
Director: Claude Sautet
Guión: Claude Sautet, Jacques Fieschi y Jérôme Tomerre
Música: Maurice Ravel
Director musical: Philippe Sarde
Fotografía: Yves Angelo
Reparto: Emmanuelle Béart, Daniel Auteuil, André Dussollier, Brigitte Catillon, Maurice Garrel, Myriam Boyer, Elizabeth Bourgine, Stanislas Carré de Malberg, Jean-Luc Bideau.
“La música es el corazón de la vida”, Franz Liszt.
“Un corazón en invierno” es
una reflexión sobre las diversas formas de vivir el amor bajo un mismo
manto: el de la música, lenguaje universal que hace sentir hasta al más
distante de los corazones.
Stéphane es un entregado empleado y “amigo” de Maxime, que
posee un negocio familiar de venta y reparación de instrumentos de cuerda,
sobre todo violines. Maxime le confiesa
que se ha enamorado de una joven y hermosa música llamada Camille, con la que
empieza una relación. Al principio la indiferencia predomina en sus encuentros,
pero poco a poco ella comenzará a sentirse atraída por el silencioso Stéphane,
creando una fantasía a su alrededor que acabará estallando como una pompa de
jabón.
Sautet se nos presenta como un autor dedicado, cuidadoso y
sobre todo muy sensible. La película tiene ese toque elegante que caracteriza a
los franceses y que resulta tan envidiable como digno de elogio. Siguiendo la
estela de la mayor parte de su filmografía, continúa teniendo el amor en su punto
de mira, mostrándolo en sus múltiples facetas y preguntándose si realmente
somos capaces de escoger o no el sentirlo.
Con esta obra tan magistralmente orquestada, Sautet ganó el
León de Plata en el Festival de Venecia entre otros premios y muchos la
consideran su obra maestra. Lo cierto es que las piezas encajan tan bien como
la de los violines de Stéphane: tanto el gran Daniel Auteuil como la preciosa
Emmanuelle Béart están fantásticos en la piel de sus respectivos personajes;
él, como un violinista frustrado( o tal vez cobarde) convertido en remendador,
frío, distante, cínico y que se quiere demasiado a sí mismo(o tal vez demasiado
poco) y ella, joven, hermosa, con mucho talento y llena de emociones
contenidas, que la arrastran hacia el fondo como si tuviera una gigantesca
piedra atada a la cintura cuando las libera.
Forman una pareja peculiar entre la que corre la química
como un río de lava porque, aunque Stéphane se lo niegue a sí mismo todo el
rato, Camille tiene razón: él la quiere, quiere estar con ella, pero le puede
su zona de confort, le pueden las costumbres. Ha estado tanto tiempo negándose
a vivir que ahora es realmente incapaz de hacerlo, incapaz de tomar lo que la
naturaleza le ofrece. Está insensibilizado, helado, de ahí el nombre de la
película: su corazón está sumido en un invierno profundo, está cubierto de
nieve y totalmente muerto.
La forma de vivir el amor de todos los personajes en el
filme es concreta, variada, un fiel retrato del sentir humano. El abanico de
posibilidades va desde el amor materno-filial que parecen compartir Camille y
su agente hasta la fantasía amorosa, el amor no correspondido y el amor
altruista, que es capaz de liberar a la otra persona a pesar de su propio
dolor.
Y destacando por encima de todo está la música, esa banda
sonora magistral compuesta por Ravel y tan bien escogida por el director
musical Philippe Sarde. Esta es una de las pocas películas que realmente
transmite, para mi gusto, con una claridad meridiana las emociones y los
estados de ánimo de los personajes. Guía con sutileza y a la vez fuertemente el
filme, llevándonos a la melancolía, a la rabia, a la desesperación desde las
cuerdas del violín de Camille. Es la forma más clara que tiene de expresarse,
es su mejor voz y a la vez la que más le cuesta sacar cuando está nerviosa.
Necesita calma absoluta para liberar sus sentimientos.
Los silencios, tan bien insertados, son a veces más
elocuentes que los propios diálogos, terminando de encajar en el conjunto con
precisión milimétrica.
La música es el rasgo más característico de la película y lo
que la hace, según mi criterio y junto con la soberbia interpretación de los
actores, una obra maestra. Historias de amor hay cientos, miles, de todas las
formas y colores, pero una tan abierta y desgarradora solo se puede ver
redondeada por algo tan fantástico e incomprensible como la música.


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